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Atacando Arte: 5 historias sobre destrucción de obras
Artículos | 03 JUN 2022 Por Brenda Carrión

Recientemente un activista lanzó un pastel a la Mona Lisa en el Museo de Louvre, pero este solo es uno de muchos ataques registrados hacia obras de arte.

En los últimos días los medios internacionales han viralizado la nota del activista que lanzó un pastel a la Mona Lisa en el Museo de Louvre. A pesar de lo escandaloso de la situación, el evento no pasó a más; la obra se encontraba protegida por un cristal que recibió el impacto del pastel (por lo que la obra no resultó dañada en lo absoluto), y el verdadero objetivo del atacante era buscar la atención de la prensa para recordar sobre los actuales daños al medio ambiente.

Y aunque este evento puede sonar bastante inusual, los ataques a obras de arte son más frecuentes de lo que creemos. Las razones suelen ser muy variadas: desde movimientos sociales, declaraciones, censura religiosa y/o política, hasta gente que simplemente tenía una fascinación o desprecio desmedido por la obra. Cada caso es muy particular, con sus propias circunstancias y motivaciones, y en este artículo te compartiremos algunos de los casos más destacados.

1. La "Mona Lisa" (1503) de Leonardo Da Vinci

El pastel es solo el más reciente de un importante historial de ataques que ha acumulado la Gioconda. Pocas obras en el mundo han sido víctimas en repetidas ocasiones como esta obra maestra de Leonardo Da Vinci.

El primero, fue en 1956 cuando un vándalo lanzó ácido a la pintura cuando la obra se encontraba en exhibición en Montauban, Francia. Ese mismo año pero meses después, un inmigrante le lanzó un piedra al cuadro, retirando el pigmento del pecho de la Gioconda. En ambos casos se desconoce la motivación de los actores.

Años después, en 1974, una mujer con discapacidad roció pintura roja sobre la obra mientras esta se encontraba en exhibición en el Museo Nacional de Tokyo; en este caso la mujer protestaba la falta de políticas para personas con discapacidad que presentaba el museo. Posteriormente, en 2009, una mujer de nacionalidad rusa lanzó una taza al cuadro en el Museo del Louvre, protestando que le hayan negado la nacionalidad francesa. Para esta última ocasión, el cuadro ya se encontraba protegido por un cristal a prueba de balas, por lo que no fue afectado.

2. "La Venus del Espejo" (1647) de Diego Velázquez

En la actualidad, socialmente se castiga mucho el vandalismo del movimiento feminista, quienes comúnmente utilizan los monumentos para escribir frases de protesta, denuncias y nombres de victimarios y víctimas. Sin embargo, es incorrecto decir que las “feministas de antes” no recurrían a este tipo de acciones para recalcar sus exigencias; un ejemplo de esto es el atentado contra "La Venus del Espejo" de Diego Velázquez.

En 1914, una mujer de nombre Mary Richardson, entró a la Galería Nacional de Londres con un hacha de cocina y, aprovechando la distracción del guardia, rompió el cristal protector de la obra y realizó múltiples cortes sobre el desnudo de Velázquez. Su motivación era clara:

“He querido destruir el cuadro de la mujer más hermosa de la historia mitológica en protesta contra el gobierno que ha destruido a la señora Pankhurst, que es el personaje más hermoso de la historia moderna.” declaró Richardson. Sylvia Pankhurst era una de las figuras más importantes del momento del movimiento sufragista inglés que exigía el voto femenino y había sido detenida por el gobierno, motivando a que Richardson atacará la obra.

Richardson fue condenada a 6 meses de prisión (la pena máxima por la destrucción de obras de arte), y la obra fue sometida a múltiples trabajos de restauración que la dejaron íntegra y con mínima evidencia de los ataques que recibió.

3. "La Ronda nocturna" (1642) de Rembrandt

Al igual que la Mona Lisa, “La Ronda Nocturna” tiene su famoso historial de ataques, aunque en todos sus casos se desconocen las motivaciones.

El primer ataque lo recibió en 1911 cuando un excocinero de la marina, utilizó un cuchillo de cocina para rasgar la pintura. Gracias a la gruesa capa de barniz, los cortes no llegaron a penetrar el lienzo, dejando cortes superficiales que fueron fácilmente restaurados.

El segundo ataque en 1975, fue mucho más exitoso. Un hombre con un cuchillo de serrucho dejo una docena de cortes sobre 2 de los personajes de la pintura. Algunos de los cortes midieron hasta 50 cm de largo, por lo que los restauradores se vieron obligados a resanar la obra por el reverso, uniendo los cortes del lienzo. El uso de los químicos para esta restauración tuvo como consecuencia que la obra tuviera zonas más oscuras de lo que originalmente era.

El tercer y último ataque en 1990 fue realizado por un paciente psiquiátrico, quien se había fugado de la institución donde había sido internado. El paciente roció ácido sobre la obra, pero afortunadamente fue intervenido por un guardia de seguridad quien rápidamente aplicó agua sobre la zona rociada, deteniendo el efecto del ácido. Nuevamente, la gruesa capa de barniz impidió que el ácido penetrara hasta la pintura, minimizando el daño sobre la obra.


4. La piedad de Miguel Ángel

En 1975, un húngaro llamado Laszlo Toth escaló el altar de la Basílica de San Pedro con un martillo, y mientras declaraba ser la resurrección de Jesús, martilló 12 veces la escultura de “La Piedad”de Miguel Ángel. Las consecuencias del atentado fueron graves: uno de los brazos de María se desprendió por completo, perdió partes de su nariz y uno de sus ojos, y le quedaron varias marcas de los golpes en la cabeza.

La restauración duró 7 meses, y el equipo de restauración utilizó polvo de mármol y pegamento invisible para resanar la obra y completar las partes perdidas. Cabe mencionar que durante la restauración, el Vaticano recibió por correo sobres anónimos con fragmentos de la obra; se cree que algún turista aprovechó la confusión del día del ataque para llevarse los fragmentos como recuerdo, pero se arrepintió posteriormente y devolvió los pedazos. Actualmente es prácticamente imperceptible los daños que recibió la escultura.

Toth, el atacante, fue declarado incapaz de ser enjuiciado por un diagnóstico psiquiátrico, y solo se le internó en un hospital psiquiátrico de Italia por 2 años. Posteriormente, fue deportado hacia Australia.

5. Claude Monet

Los casos anteriores han sido de personas ajenas a las obras que por razones personales decidieron atacar las obras, pero ¿qué hay de los propios artistas? Para algunos artistas, la autoexigencia los puede llevar a ser intolerantes con su propio trabajo si lo consideran “imperfecto” o “insuficiente”.

Este fue el caso de Claude Monet, uno de los máximos representantes del impresionismo. En 1908 ya se había programado una exhibición con pinturas del artista, las cuales se habían valuado en $100,000 francos. Antes de la inauguración de la exposición, Monet consideró que estaba insatisfecho con su arte, y con un cuchillo y una brocha, destruyó todas las obras de la exposición. Desde entonces, varios historiadores han iniciado un largo debate sobre si un artista tiene o no derecho a destruir su propia obra.

Conclusión

Como hemos visto en la lista anterior, las motivaciones son variadas, y muchas veces desconocidas. El arte es al final un patrimonio cultural de la humanidad, y todos tenemos un derecho nato de poder disfrutarlo o criticarlo. La indignación que nos provoca su destrucción nos señala que:

1. El arte es una importante plataforma que puede realzar las demandas individuales o colectivas de la sociedad.

2. Todos encontramos en el arte un sentimiento natural de pertenencia, que cuando es dañado o perdido, sentimos que algo nos ha sido arrebatado.


Fuentes: Daily Art Magazine, The Art Newspaper y Agencia EFE.

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