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David Hockney: el arte de vivir a color
Internacional | 22 JUN 2026 Por Isabel Oy

“Lo que un artista intenta hacer por la gente es acercarlos a algo, porque, por supuesto, el arte se trata de compartir. No serías artista si no quisieras compartir una experiencia, un pensamiento”. – David Hockney

El pasado 11 de junio, a pocas semanas de cumplir 89 años, falleció David Hockney, uno de los artistas más influyentes del arte contemporáneo. Nacido en Bradford, Inglaterra el 9 de julio de 1937, Hockney dedico más de siete décadas a explorar nuevas maneras de mirar y representar el mundo, lo constituyó como uno de los artistas más influyentes de la era moderna. Este reconocimiento es gracias a su manera de ver la vida, ya que, para él ser artista significa interpretar la vida. Su obra, caracterizada por el color vibrante, la experimentación constante y una profunda curiosidad por la percepción humana, transformó la manera en que entendemos la relación entre arte y realidad.

Se formó en la Escuela de Arte de Bradford (1953-1957), donde estudió paisajes, retratos y dibujo del natural, más tarde en el Real Colegio de Arte de Londres (1959-1962). Mientras hacía su estancia en el colegio, Hockney conoció la obra de artistas visitantes como Francis Bacon y Richard Hamilton, y se familiarizó con el expresionismo abstracto, así como con la obra de Pablo Picasso y Jean Dubuffet. Desde sus primeros años mostró una inquietud creativa que lo llevó a moverse entre la figuración y la abstracción, siempre con una tendencia de vivir a color.

A los 26 años realizó su primera exposición individual “Pictures with People In”, en la galería Kasmin de Londres (1963), lo que impulsó su reconocimiento internacional. Poco después viajó a Nueva York, donde conoció a figuras como Andy Warhol, y más tarde se instaló en Los Ángeles. Esta ciudad marcaría profundamente su producción artística, inspirando algunas de sus obras más emblemáticas y la famosa serie de piscinas que terminaría convirtiéndose en uno de los símbolos de su carrera.

Además del grabado y la pintura, David nunca dejó de experimentar. Incorporó fotografía, el diseño escenográfico y, décadas después, tecnologías como las fotocopiadoras, los videos, las computadoras e incluso el iPhone y el iPad como medios para crear arte. Las herramientas cambiaban, pero el objetivo seguía siendo el mismo: encontrar nuevas maneras de interpretar y compartir la experiencia humana; siempre con un tono innovador. A través de sus estudios sobre la luz, el dibujo y la composición, aportó nuevas reflexiones sobre la forma en que los artistas han construido imágenes a lo largo de la historia.

Además del grabado y la pintura, David nunca dejó de experimentar. Incorporó fotografía, el diseño escenográfico y, décadas después, tecnologías como las fotocopiadoras, los videos, las computadoras e incluso el iPhone y el iPad como medios para crear arte. Las herramientas cambiaban, pero el objetivo seguía siendo el mismo: encontrar nuevas maneras de interpretar y compartir la experiencia humana; siempre con un tono innovador. A través de sus estudios sobre la luz, el dibujo y la composición, aportó nuevas reflexiones sobre la forma en que los artistas han construido imágenes a lo largo de la historia.

A lo largo de su trayectoria participó en más de 400 exposiciones individuales y recibió numerosos reconocimientos internacionales. Hockney demostró que la creatividad no tiene límites de edad, ni tecnología, y que el arte puede renovarse constantemente sin perder su esencia.

Entre las últimas décadas de su carrera destacó con exposiciones como The Arrival of Spring (2014-2015), The Yosemite Suite (2016-2017), Ma Normandie (2021) y The Moon Room (2026), reafirmando su capacidad para reinventarse constantemente.

El mundo del arte sentirá profundamente su partida. No obstante, sus pinturas, fotografías, dibujos y obras digitales permanecen como una invitación permanente a mirar con más atención, a descubrir belleza en lo cotidiano y a entender que la realidad puede ser tan colorida como nuestra manera de percibirla.

Quizá eso sea lo que nos deja: una forma distinta de mirar. Recordar que, cuando el mundo parece gris, también puede estar lleno de los colores que nos hacen sentir.

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