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Muerte y tragedia: la hipnotizante sala 075 en Museo del Prado Pt2
Artículos | 21 AGO 2023 Por Valeria Correa

Continuando con nuestro paseo por la sala 075 del Prado, les compartimos 3 obras más que no solo siguen el sensible tema de la sala, también cuentan con el impactante gran formato y técnica que las caracteriza.

“Conversión del Duque de Gandía” (1884) José Moreno Carbonero

 El inmenso dolor del duque no solo por la muerte de la emperatriz, sino también por la escena que constituye el final de alguien tan amada y bella en tantos aspectos como Isabel de Portugal es lo que lleva a un quiebre total en su vida.

Isabel de Portugal fue una reina respetada y nombrada reina regente por su esposo Carlos V, entre las personas más encantadas por su gran presencia se encontraba su caballerizo Francisco de Borja, el IV duque de Gandía quien también era el esposo de Leonor de Castro, una de las damas de la emperatriz y la más cercana amistosamente. Al fallecer Isabel en Toledo el 1ro de mayo de 1539, toda la corte queda devastada, se sentencia que su cuerpo sería transportado a Granada, viaje por el cual sufriría varios meses el clima de primavera y parte de verano, culminando en la trágica vista que devasta al duque en Granada.

La emperatriz que personificaba la belleza, inteligencia y elegancia se había convertido en un espeluznante cadáver putrefacto y gangrenado. Esto no solo dejó al duque con una gran tristeza, sollozando sobre sus rodillas, también lo llevó a decidir que se dedicaría a la vida eclesiástica y así “nunca más servir a un señor que se me pueda morir”. Entonces la conversión del duque lo lleva a unirse a una orden de jesuitas, donde alcanzó la santidad.

En la pintura – justamente premiada – de Carbonero, se puede apreciar no solo el féretro de la emperatriz, con el duque perdiendo fuerza en las piernas intentando sostenerse de un caballero, también se puede apreciar a Leonor, la esposa del duque, con las manos cubriendo su rostro. La presencia de Leonor en el cuadro de Carbonero se ha interpretado como parte de los sentimientos encontrados que debe de estar experimentando en ese momento, teniendo por un lado el final de la vida de Isabel, con quien era cercana, y por otro, la muestra desvergonzada de sentimientos por la emperatriz que dio su esposo frente a todos. La profundidad de la historia, los sentimientos de los personajes y las relaciones de estos fueron representados con gran maestría lo cual resultó en merecidas medallas y reconocimientos para el artista.

“El príncipe don Carlos de Viana” (1881) José Moreno Carbonero

Un cuadro realizado en la juventud de Carbonero, como un presagio a su futuro éxito y reconocimiento, este es uno de los pocos cuadros de la sala en los que la muerte no es protagonista del cuadro, sin embargo, se ve reflejada en la expresión o la vida de sus personajes.

El príncipe Carlos era el heredero de Aragón y Navarra, pero fue despreciado por su padre tras sus segundas nupcias, volviéndolo prisionero y arruinando su sucesión al trono. El príncipe encontró refugio huyendo a Francia, donde se quedó con su tío Alfonso V. La escena que pintó Carbonero se ubica en ese período en la vida del príncipe, el cual concluye con su regreso a España, donde fallece poco después.

La resignación del melancólico príncipe frente al curso de su vida, es algo que Carbonero captura y narra con la posición en la que se encuentra sentado en el estudio con su expresión apagada, pese a su decisión de dedicarse a una vida de estudio y reflexión. Acompañado por libros, rollos y un perro que duerme a su lado. Después de esta melancólica escena, como si todo fuese a ir en picada tras su regreso a España, Carlos de Viana perece en una torre, sin haber recibido justicia alguna con respecto a sus títulos y posición en la familia real.

Carbonero demuestra una gran sensibilidad al entorno y a los detalles que lo componen, dándole más capas y profundidad al mensaje. Es difícil imaginarse la historia del príncipe Carlos, cómo fue su vida y cómo terminó con solo ver la pintura, sin embargo la sombra en la expresión del príncipe, el peso invisible en sus hombros y su conmovedora soledad nos llevan a querer comprender más allá de ese momento en el que se encuentra congelada su figura entre libros, polvo e inconformidad. 

“Juana la Loca” (1877) Francisco Pradilla y Ortiz

Esta obra es conocida como la obra maestra de Pradilla y con buenas razones. La vida de Juana la Loca es una desgarradora e intensa historia de una mujer cuyo más grande error fue nacer en la familia equivocada y convertirse en heredera de varios títulos y poderes, todo fuera de su voluntad.

Hija de los reyes Isabel la Católica y Fernando de Aragón, Juana vivió muchas injusticias y calumnias que llevan a los estudiosos de su vida a experimentar dificultades para establecer si realmente estaba loca como decían o si solo fue un método para mantenerla encerrada y que no pudiese regir con los títulos que había heredado. En la pintura, Pradilla captura un momento de inflexión en la vida de Juana, la muerte de su amado esposo Felipe.

La expresión de Juana frente al ataúd de su esposo la muestra perdida en sus pensamientos aunque su mirada se mantiene fija donde él descansa, transmite la desolación de Juana, quien por más que esta rodeada de gente, se percibe completamente sola en el mundo. La pequeña figura de Juana se planta frágil, vulnerable, completamente afectada por todo lo que podemos imaginar que siente alguien que acaba de perder a un ser amado y como si eso no fuese suficiente, se encuentra embarazada.

Juana, que en múltiples ocaciones intentó vivir tranquila con su esposo e hijos, perdió a su esposo, fue encerrada por su propio padre para privarla del poder de sus títulos y más tarde su propio hijo hizo lo mismo. En la obra se puede ver como el tiempo prácticamente se detiene para la reina, aunque su trágica vida y quienes la orquestaron, no se detuvieron a sentir ni un poco de culpa hacia ella.

Hasta aquí llega nuestro recorrido sobre esta increíble sala en Museo del Prado, aun quedan otras obras en ella que no hemos compartido y, por su puesto, muchísimas otras salas increíbles, sin embargo, esperamos hayan disfrutado tanto de las obras como de las historias que les seleccionamos para estos artículos.

Fuente: Museo del Prado.

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